Análisis de la problemática:
Trauma psicosocial, polarización, mentira institucionalizada y violencia.
Inicialmente, es importante mencionar que los conceptos descritos por Martín Baró suelen relacionarse y sobreponerse entre sí, lo que permite tener una comprensión más amplia y desde diversos matices de la problemática escogida: la violencia sexual en el marco del conflicto armado en Colombia. Para analizar esta con relación a los conceptos, se tuvo en cuenta el informe realizado por el Centro de Memoria Histórica, en donde se lleva a cabo cuidadosamente, un informe nacional de la violencia sexual en el conflicto armado (Centro de Memoria Histórica, 2017).
Para comenzar, el trauma psicosocial es entendido por Martín Baró (2000), como una herida o huella desfavorable para la vida de una persona, debido a la prolongación de una guerra civil en la que se encuentra inmersa. Además de hacer énfasis en que esta tiene su fundamento en el hecho social y por ende se manifiesta en la forma en la que una comunidad se relaciona entre sí.
Teniendo clara esta definición, se puede evidenciar la manera en la que el conflicto armado en Colombia se encuentra arraigado a las formas de relación y contacto con las personas y sus entornos. Esto no es ajeno a la manera en que la violencia sexual ha sido significada en el país, y donde el trauma psicosocial debido a esta, se evidencia principalmente desde la invisibilización, el rechazo social y la deshonra. Estos se ven reflejados en la transformación, en muchos casos, de los vínculos con las familias y comunidades, en donde las creencias alrededor del acto son causantes del rechazo y la desvinculación de la mujer que lo ha sufrido. Esto provoca profundos sentimientos de soledad y discursos entorno a la desvalorización de la persona, provocando una fractura en el tejido social (Centro de Memoria Histórica, 2017).
La polarización se relaciona con la fractura mencionada, en cuanto es usada como estrategia de los diferentes actores del conflicto armado colombiano para profundizar y agudizar el odio intergrupal en donde se identifica a los otros como “el enemigo” que hay que eliminar y en donde la población toma un papel fundamental, así no quiera, para la preservación de la segregación (Martín Baró, 2000). En muchos casos, se ha significando al cuerpo femenino como escenario de disputa, usualmente en el momento de la incursión de uno de los bandos en un territorio específico del país, para así sofocar las incidencias y garantizar su hegemonía sobre la población (Centro de Memoria Histórica, 2017).
Lo anterior, se perpetúa por un sentimiento común en las víctimas de violencia sexual, mencionado notoriamente por el Centro de Memoria Histórica (2017): la culpa. Esta, se encuentra en las respuestas comunes ofrecidas por las instituciones judiciales y de las comunidades a las que pertenecen, en donde el único resultado es la revictimización y la ralentización del proceso de sanación emocional. Se afianza entonces, la estigmatización, la desprotección y el cuestionamiento de la veracidad de los acontecimientos que han marcado de manera significativa la vida de la víctima.
Debido a estas dinámicas y significaciones alrededor de esta problemática, se encuentra que la violencia es un aspecto normalizado y justificado en casos de violencia sexual en el conflicto armado colombiano. Martín Baró (2000), habla de la violencia como aquel aspecto que es conveniente mantener y legitimar, usualmente por el poder militar, aspecto que si bien fue pensado para la realidad salvadoreña, también aplica para la colombiana. Esto se debe a que la violencia ha sido instaurada en el país como la forma selecta de imponer control y dominación, en la que la mayoría de los casos, los señalados como responsables son las víctimas (Centro de Memoria Histórica, 2017).
Específicamente con relación a la violencia sexual, se muestra que se suele eximir de la responsabilidad a los hombres que han realizado estos actos, provocando que el discurso sea entorno a las conductas, prendas o escenarios en los que se encontraba la mujer, siendo esta la responsable por lo que sucediera. Lo anterior es replicado, no sólo por el Estado, sino por los integrantes de los diferentes grupos armados para restar importancia a los hechos, minimizando las consecuencias de estos. Por otro lado, el Centro de Memoria Histórica (2017) ejemplifica la normalización de la violencia, con el hecho de que en muchas comunidades los actos de violencia sexual son justificados por la cultura y por ende vistos como situaciones que deben ser preservadas y defendidas pues incluyen aspectos de la identidad cultural.
Para concluir, los diferentes términos acuñados por Martín Baró (2000) son fundamentales para entender la manera en la que esta y muchas otras problemáticas en el conflicto armado colombiano, se desarrollan y se mantienen en el tiempo. Así mismo, resultan determinantes para intervenir sobre las heridas sociales que las comunidades y en general la nación tiene, colocando responsabilidad en las personas que la conforman, a tener un papel activo y sobre todo crítico en la realidad que acontece y que exige principalmente, su reconocimiento y comprensión desde el hecho social.
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